En un país donde la tecnología avanza a pasos agigantados, hay una cifra que sigue doliendo: solo el 36.1% de las mujeres en México tiene acceso a un crédito formal. Mientras el 81% de las mexicanas usa un celular diario para trabajar, estudiar o conectar con su familia, el sistema bancario tradicional parece seguir hablándoles en un idioma que no considera su realidad.

Sin embargo, en medio de esta brecha, hay un dato que está cambiando las reglas del juego: el 47% de los usuarios de PayJoy en México son mujeres. No estamos ante una promesa de futuro; estamos ante una infraestructura digital que ya está funcionando como la puerta de entrada al sistema financiero para quienes históricamente fueron ignoradas.

La brecha invisible: Por qué el modelo tradicional le falla a la mujer
Para entender por qué una mujer mexicana tiene menos probabilidades de obtener un crédito, hay que mirar más allá de los estados de cuenta. De acuerdo con Nicolás Schiaffino, VP & Country Manager de PayJoy México, el problema es estructural. Las mujeres enfrentan ingresos variables, trayectorias laborales no lineales y, sobre todo, una carga masiva de trabajo no remunerado.
Los datos del Inegi son contundentes: el trabajo doméstico y de cuidados representa casi el 24% del PIB nacional, y de ese total, las mujeres generan el 72.6%. Esto significa que el valor económico de su esfuerzo no remunerado es 2.7 veces mayor al de los hombres. Cuando un banco tradicional evalúa a una candidata bajo modelos rígidos que no entienden esta dinámica de cuidados y flexibilidad, la exclusión se vuelve inevitable.

El celular como colateral: Inclusión digital es inclusión financiera
¿Cómo es que un modelo digital logra atraer a un segmento que la banca tradicional rechaza? La respuesta está en el bolsillo de casi todas las mexicanas: el smartphone.
En un contexto donde muchas mujeres son «sub-bancarizadas», el financiamiento del dispositivo móvil se convierte en su primera línea de crédito formal. Según el Impact Report 2025 de PayJoy, el panorama de sus usuarias antes de ingresar al sistema es revelador:
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El 45% no tenía ni tarjeta de crédito, ni de débito, ni cuenta bancaria.
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Solo el 14% contaba con una tarjeta de crédito previa.
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El 31% eran incluso usuarias primerizas de un smartphone al momento de obtener su crédito.
Para estas mujeres, el teléfono no es solo un aparato para redes sociales; es la herramienta que les permite construir, por primera vez, un historial crediticio. Es la infraestructura que conecta su vida cotidiana con la posibilidad de crecimiento económico.

Madres, trabajadoras y dueñas de su futuro
El impacto de este modelo va más allá de la estadística. Cerca del 40% de las usuarias son mujeres trabajadoras y el 55% son madres de familia que reportaron un incremento en sus ingresos tras acceder a estos esquemas. Cuando una mujer obtiene crédito, no solo mejora su economía personal; se genera un efecto multiplicador en su entorno familiar y comunitario.
Como bien señala Schiaffino: «No se trata solo de cuántas acceden, sino bajo qué condiciones». El éxito de modelos que utilizan el smartphone como garantía sugiere que el mercado debe evolucionar hacia productos diseñados específicamente para la realidad de las madres y trabajadoras mexicanas, reconociendo su alta capacidad de pago y su rol central en la economía del país.

Nuestra opinión…
Es fascinante ver cómo el dispositivo que usamos para mandar un mensaje de voz es hoy la herramienta más potente para combatir la desigualdad de género en México. La brecha del 8.1% entre hombres y mujeres con productos financieros formales es un reto que la banca tradicional no ha podido resolver en décadas, pero que la tecnología móvil está cerrando en tiempo récord.
Si el 81% de las mujeres ya tiene la infraestructura (el celular) en sus manos, el camino está trazado. La inclusión plena ya no es una meta lejana; es una realidad que se está descargando aplicación tras aplicación.
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